GUILLERMO DEL TORO Y LA REVOLUCIÓN ESTÉTICA DE LO SUBLIME.

Luis Felipe Vélez. Profesor tiempo completo – Facultad de Comunicación y Publicidad – USC

Mientras el silencio se apodera de la imagen, emergen entre los escombros los ruidos de la forma, los arquetipos de seres míticamente construidos, de fantasías que caminan con vibrante armonía, de historias que se cruzan en el hacer del día a día. En las películas de Guillermo del Toro, el despliegue conceptual sobre pasa lo técnico, y abordando datos que construyen puentes, surgen ante nosotros ideas y representaciones plagadas de emociones y sentidos. Esta posibilidad de encontrar aquello que no se ve y traerlo al plano de lo real, materializando lo que solo intención es, sobrepasa los juicios lógicos y los dirige hacia un juicio que parte de aquello que place y se sitúa en la reflexión.

A partir de la tradición en la construcción de una identidad, Del Toro asume los referentes clásicos y abre un espacio para que emerja una estética particular en relación con lo sublime. Desde este modo especial de presentar la relación entre mundo y obra, configura un nuevo paradigma distanciándose de las historias cargadas de valor social, comedia o acción/lucha, con una propuesta fílmica que desde sus primeros cortos y ópera prima iría construyendo enfocada en la minuciosidad, el detalle, la combinación de la paleta de colores y la iluminación.

La naturaleza sublime encarnada en el entorno, en los dioses y su condición humana, se revela a través de las cosmologías aferradas fuertemente a la cultura y sus creencias, develando nuestra especie en sus dimensiones, desde aquello que comprendemos, hasta lo que desconocemos y nos aterramos cuando nos hablan de ello. En este sentido, lo sublime en su obra no se mide en magnitudes ni en las extensiones del mar, se centra en lo humano, en la dualidad de pensar una cosa y hacer otra, de enfrentarse a la angustia de la muerte o el vacío de la nada.
“Así, la soledad profunda es sublime, pero de una manera terrible; por lo que las grandes extensiones desérticas han dado ocasión, en todo tiempo, para figurarse allí sombras horribles. Con otro ejemplo: una gran altura es sublime del mismo modo que una gran profundidad, pero la primera va acompañada con la sensación de estremecimiento y aquélla con la de admiración; así, la primera es una sensación sublime-terrible y la segunda noble.” (2007: §23) Las palabras de Kant enmarcan el escenario donde todo habrá de ocurrir y mucho del peso cae en personajes anónimos, que vuelven real la ficción que surge de una idea y que se constituye filme a filme en un referente visual, en un estilo y una estética propia.

La creación y suma de todos estos elementos, sumado a la caracterización de los personajes infantiles, por ejemplo, donde estos se hayan “desposeídos de todo, parecerían estar destinados al olvido, a la ausencia […] A pesar de todo, conservan ese espacio íntimo de ensoñación donde pueden imaginar y resguardar su inocencia frente a la desolación. No se trata de un lugar físico sino del interior, de lo sensible, de la imaginación” (2011:88-89) refuerzan universos particulares que crean una estela, transformando la manera de crear y de articular aspectos imaginativos que se entienden desde el modo en que su cultura, investigación y referentes marcaron en él.

Bibliografía

Rogelio Castro Rocha. Lo fantástico y lo siniestro en Guillermo del Toro, Universidad de Guanajuato 2011

Kant Crítica del juicio, Espasa Calpe, Madrid 2007 Parágrafo 23.

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