EMA: LOS SENTIDOS PRIMERO, LUEGO LA MENTE.

Por Miguel Ernesto Yusty

EMA es dirigida por Pablo Larraín y cuenta la historia de una joven mujer que, en sus intentos por recuperar a su hijo, manipula la vida de quienes tiene a su alrededor, construyendo una realidad en la que todos tienen su lugar y utilidad. Estrenada en 2019 durante el Festival de Cine de Venecia, puede verse hoy por MUBI, la plataforma de streaming. A disposición de un público más amplio que el de las salas de cine, la película trata un tema universal, el del amor de madre. Pero el enfoque dado por la película supera el de los manuales de buena conducta para madres responsables, por el contrario, EMA se encuentra al otro lado de aquello que la moral daría como correcto.

El filme entra en la categoría de buen cine desde el plano inicial, en el que un semáforo en llamas, con un cielo azul de nubes oscuras y nocturnas hace su aparición. El mundo del personaje está en llamas y Ema arde por encontrar solución al drama que lo altera todo: su hijo le ha sido arrebatado. Al cinéfilo avezado, le asalta a la memoria el recuerdo del CORAZÓN SALVAJE de David Lynch o la BETTY BLUE de Jacques Beigneix, la primera del 1990 y la segunda del 86. Aunque Ema no se dedica a la política, el fin si justificará los medios que emplee para conseguir su objetivo. Sus pasos serán guiados por su intuición de artista de la danza y estarán mediados por el erotismo y la sexualidad.

Pablo Larraín hace con EMA una pieza pensada para entenderse con los sentidos antes que con la mente. La película es delicada en todos sus renglones y sin ser un filme en el que los planos extensos sean un sello de su montaje, aquellos que duran más que la media, soportan el tiempo porque son bellos de principio a final. EMA es mejor en pantalla grande, en la sala de cine, pero en la casa es un regalo que se acepta con complacencia.

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