EL OFICIO DEL DIRECTOR – ROMEO Y JULIETA DE BAZ LUHRMANN

En 1996, el director australiano Baz Luhrmann estrena su versión de la tragedia Romeo y Julieta, escrita por Wiliam Shakespeare en 1597. Con ella consigue un importante éxito de taquilla y se distancia de la habitual tendencia de revisar este tipo de piezas teatrales con el ánimo de hacer una reconstrucción histórica en la cual supuestamente suceden los hechos contados en la obra original. En 1996, el director australiano Baz Luhrmann estrena su versión de la tragedia Romeo y Julieta, escrita por Wiliam Shakespeare en 1597. Con ella consigue un importante éxito de taquilla y se distancia de la habitual tendencia de revisar este tipo de piezas teatrales con el ánimo de hacer una reconstrucción histórica de la época. Luhrmann opta por transportar la acción a tiempos presentes, pero sin alterar los textos compuestos por Shakespeare. Reinterpreta de lo que podría llamarse cultura urbana de los años noventa. Ubica a los personajes en una ciudad mestiza de la América del Norte, donde se mezclan todo tipo de etnias con sus respectivas manifestaciones musicales, gestuales, incluso su forma de vestir, dando testimonio de un nuevo tipo de cultura de frontera, que habla en inglés, sin ser púramente anglo, aunque el drama que representan, sea el del gran escritor británico por excelencia, Wiliam Shakespeare.

Con su versión del clásico isabelino, ROMEO Y JULIETA, Baz Luhrmann entiende y asume, que en su gran mayoría, el público responde a necesidades primarias. Así, las escenas de contenido violento, como las de tono erótico o las de intensa carga emocional, son usualmente las más llamativas. Aunque la esencia de la tragedia Shakespereana sea el primer amor, ésta forma parte de un contexto violento y conflictivo. En Shakespeare la agresividad se manifiesta tanto en el lenguaje, como en el uso de espadas y puñales, en Luhrmann, el lenguaje se mantiene y el acero afilado muta en pistolas. Luhrman comprende que para conectar con el público de finales del siglo XX, debe traducir la acción los tiempos actuales, pero no las palabras escritas por el autor inglés. Supone entonces que lo arcaico está en el gesto y en la apariencia, más no en la oralidad de la obra teatral.

Es por eso que la película invierte ingentes esfuerzos en la dirección de arte y el diseño de producción. Es la apariencia, el contexto de la película el que debe ser actualizado, no los textos. Los cinéfilos del año 96, vieron cómo un australiano interpretaba mejor que nadie la mezcla surgida de la convivencia entre anglos, latinoamericanos y afrodescendietes. Luhrmann estiliza y no hay duda que su labor es casi testimonial y fotográfica. Su película entiende como nadie a los adolescentes que viven del primer amor, los del siglo XIV y los del XX y lo expresa con las mismas palabras, pero en mundos diferentes.

Con ROMEO Y JULITA, Baz Luhrmann es grande como director porque comunica y expresa sin que ninguna de las dos actividades pierda importancia. Comunica porque sigue sin prejuicios el devenir de la estructura construida por Shakespeare, al asumirla, es libre para experimentar con el montaje, sin que por ello se afecte la narrativa ni la claridad de las acciones. Expresa en la medida en que pertenece a su tiempo y es consciente de ello. Por eso entiende el sincretismo cultural y lo manifiesta de forma estética, llegando casi al nivel de un cine antropológico, desde la ficción.

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